
Cuan peligrosa es la victoria. Una vez la has saboreado jamás la olvidas, no dejas de buscarla y nada que no sea ganar es ya suficiente. Nos pasamos la vida buscando repetir esa sensacion de plenitud que nos hizo, por un dia, ser algo más que el resto de participantes.
Pero la victoria es escasa, y en esa maldicion reside su valor. Es efimera, y, si somos afortunados y encadenamos mas de una, dejamos de valorarlas como merecen. Y eso nos sucede a todos, no hay perdedores, solo vencedores en distintas competiciones.
Las pequeñas victorias del dia a dia, las que realmente importan, las olvidamos por buscar un podio en una guerra que no es la nuestra. Esa gloria no nos pertenece. Tubimos una conquista y perdimos el rumbo, toca volver a empezar. Nos sentamos a esperarla, pero para ganar hace falta participar.
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