domingo, 3 de junio de 2018



Y no habría de pasar una noche más
sin que yo mirase al cielo.
Aunque, tal vez,
todas las estrellas estuviesen ya muertas.



lunes, 9 de abril de 2018

Pequeña gran revolución.

Disfrazo momentos importantes de accidentes. Nunca imaginé una melodía que pudiese acompañar a mis letras. No hay lugar para la música en lo que escribo porque, tal vez, no hay música en aquello de lo que suelo hablar. O mejor dicho, si la hay, pero siempre me viene prestada. Por alguien que ya puso voz a todos los sentimientos mucho antes de que yo los llegase a sentir. No hace falta, pues, revestir de ritmo mis pensamientos, basta con transmitirlos.

No me siento de ninguna parte porque en ningun lugar he encontrado mi lugar. Aqui y allá he tenido esa sensación de estar invitado, de tener que irme pronto. Como cuando traes a alguien a tu casa y, de repente, las habitaciones te parecen distintas a cuando estás solo. No son las paredes, es la libertad encadenada cuando otros comparten nuestros lugares seguros y entonces dejan de serlo por un tiempo.

A menudo me siento atrapado y únicamente lo consigue mi mente. Me atrapo yo mismo, queriendo volar más alto de lo que soy capaz de saltar. Entonces veo que no alcanzo a tocar las nubes y, ante el fracaso, no sólo no salto sino que me tiro para no tropezar. 

Finjo que todo va bien cuando me va mal y no soy capaz de entender que todo está bien cuando de verdad lo está. Y no es que no sea perfecto, es que directamente me visto con la imperfección. Porque las cosas distintas me abrigan más y no soy de innovar con el armario: Si me cubre, me sirve. Me da igual si la camisa cambia de color si durante los últimos siete años me ha aguantado a mi al cambiar.

No tengo ganas de olvidar y sin embargo me olvido. Y que culpa tengo yo si nunca nos enseñaron a recordar, si lo hacemos mal; recordando lo que nos duele y, con demasiada facilidad, olvidando lo que nos dijeron cuando nos dijeron que eramos mejor de lo que pensamos ser.

Y así soy yo escribiendo sobre quien soy de madrugada. Y por la mañana seré distinto, pero siempre igual. A veces caliento y otras quemo, pero aún no he aprendido a arder. Y da igual.

No hace falta fuego para provocar un incendio.


viernes, 2 de marzo de 2018

Tinta negra para notas importantes.

El verdugo se llama tiempo,
y nunca ejecuta a dos victimas igual.

La muerte es algo triste
sólo desde éste lado de la orilla;
Uno se va, y se lo lleva todo,
menos el dolor.

Por eso partimos sin decir adiós:
Una despedida es demasiado peso
para transitar.

Y cuando uno se va a un lugar
del que no espera
regresar
no se deja nada atrás.

¨Y no lleves en tus bolsillos
más recuerdos,
de los que vayas
a necesitar¨

Dejamos atrás sólo aquello
que no es nuestro,
Sino de aquellos
que nos ven marchar.

Y los recuerdos se vuelven condena,
y nos obligan a viajar.
Y en el abismo del que proceden,
nace una nueva eternidad.

Forja las cadenas
a los hijos del tiempo
y les cuenta su verdad;

Desacostumbrados nosotros
a no volver la vista atrás,
Nos aterra un destino
que no se deje conquistar.
 
Sucederá cuando entendamos
que no es un día más,
sino un dia
menos.

¿Porque lloras, animal?
No busques cosas
eternas
en lugares temporales.




miércoles, 17 de enero de 2018

Alas por encargo.

Mirada perdida hacia el mar, horizonte despejado. El aire reconociendo tu rostro y la inspiración, buscándote a ti. Todo se ve tan claro desde aquí, pienso, que me arriesgo a perder mi máster en comidas de cabeza si permanezco un momento más en éste instante.

Hemos nacido aqui. Necesitamos un mar donde ahogar nuestros pensamientos. Pertenezco a éste paisaje, y aunque sólo sea en el ahora, éste paisaje me pertenece a mi.

Y que rápido olvidé. Que existe éste lugar, no en una playa o a una hora del día, sino dentro de mi.

El mismo mar, con el horizonte paciente y el aire buscando volverte a conocer. Y sin saber ni cómo ni por qué, ya nadie mira. O ya nunca miro, tal vez.

Necesito volver a descubrir esos pequeños instantes de luz, que tan rapido se desvanecen en el oceano de nuestros días. Que a veces parece que nunca existieron, aunque cuando existieron nos parecieran inolvidables. 

Necesito recordarme que soy capaz sin necesidad de una llave en forma de canción, sin tener que ir a recoger mi inspiración entre las olas de ese mar. Sin mojarme los pies. Hay grandeza en las pequeñas cosas que nos hacen recordar. Y el olor de su sal me recuerda que es muy pronto para renunciar.

No expliquéis la caida a quienes nunca se atrevieron a saltar. En el próximo intento, quizás aprendemos a volar.

Ganar.

Le veo caminar altivamente por las mismas calles que siempre le derrotaron y si me lo creo es únicamente porque ocurre ante mis ojos. No puede ser. Nadie puede esquivar todas las balas. Hace dos días que la vida le venció y ya no queda nadie que no haya renunciado a la lucha excepto él. Y aqui vuelve otra vez, a enfrentarse contra el imposible para demostrarnos que las personas fuertes no derriban a otros, los levantan.

Y yo que vine a ser feliz ya me vuelvo a distraer. Pero es que le veo y pienso que yo también quiero aprender a vivir así, joder. Tan intensamente que cuando mañana me pregunten tenga derecho a decir que lo que mas me gustó en ésta vida, fue vivir. 

Aqui viene otra vez y otra vez pierde la batalla. Y me sorprendo sufriendo por su caída. Y descubro que ésta familia de derrotas ahora también es mi familia. Necesito otro instante de revelación para entender a que se dedica. Viene una y otra vez para perder. Para besar el suelo. Pero viene.

Esa es su primera victoria: Vence a su miedo, se deshace del ancla y vuelve. Mientras la mayoría perdemos antes de empezar; mientras yo me quedo aquí, a observarle desde la ventana y soñar con ser como él. Esa es mi primera derrota. El marcador a su favor. A ver si no me destruyen mis ganas de no perder.

Va a explotar, salta rápido

Quiero salir a la calle y gritar. Quiero que a mi también me derrote una y otra vez una vida que me atreva a vivir, quiero dejar de vencer en mi oscuridad. Dejar de ser prisionero de la duda entre dos puertas abiertas.

No tengo ni para pagar las consecuencias de mis actos, y decido que tendré que salir. Tendremos que salir todos y luchar contra aquello que no puede ser derrotado. Y solo entonces, aunque perdamos, ya habremos ganado.




miércoles, 10 de enero de 2018

Miércoles, diez de enero.

Algunos fantasmas dejan vacíos que ningun monstruo puede llenar. Ni la comida, ni el amor que nunca es, ni los amigos de quita y pon, ni los versos de cajón. Se compone una canción por cada corazón roto y sin embargo todas las melodías nos cuentan la misma historia: Que cada persona es un mundo y en todos los planetas hay una Fosa de las Marianas, aunque de distinto color.

Y no hay misterio detrás de todas esas canciones. Anhelamos poder escoger, aunque al hacerlo nos vayamos a equivocar. Queremos que nos dejen pedir y yo me apunto a esa moción.

Y todo lo que pido es nada. Que alguien le ponga ritmo a mis letras, porque yo solo sé escribir. Cambiar de dimensión y vivir en una versión del mundo en que la curiosidad no mató al gato. Estar cuando sea necesario o, al menos, cuando haya que estar. No volver a perderme la vida persiguiéndola por el camino que no es. Regalarte un deseo y guardarme otros dos.

Yo creo en tus fantasmas. Por favor, ésta noche no me cuentes películas, cuéntame cuentos.


Un duelo salvaje 
Advierte, 
Lo cerca que ando de entrar 
En un mundo descomunal 

lunes, 8 de enero de 2018

Del verbo ser.

Es comprobar si llevas las llaves cuando ya has cerrado la puerta. No pujar en la subasta de tu vida porque no todo lo que vale cuesta, ni cuesta todo lo que dice valer. La canción que no quieres descubrir porque sabes que al hacerlo no dejarás de oirla hasta aborrecerla, y dejará de ser especial. Y perderte en tu interior las suficientes veces para convertirte en extranjero en el mundo real. 

Es hablar ante decenas sin pensar y ponerte nervioso ante una sola persona, si es especial. El olor de un café que no es tuyo y el instante previo al primer mordisco de aquel postre que decidió que quería ser más bonito, que bueno.

Es ilusión por todo y miedo a ilusionarse. Y el tono de despertador que te ponías cuando tenías quince años y que de repente vuelves a escuchar. Es aborrecer lo repetido y volver a repetir. Y pensar al final del día que qué bueno estar protegido del mundo, aunque solo os separe el grosor del edredón. 

Es el día en que dejas de usar lapiz porque, de repente, ya te has vuelto mayor. Y describir lo indescriptible sin opción a usar goma de borrar.

Enseñarle tus secretos para que también sean los suyos y sentir que son mas importantes si os pertenecen a los dos y a nadie más. Y querer envejecer de repente ante el miedo a perder la juventud, en busca de la madurez que da entender que hasta el dia en que uno muere, cada instante se debe vivir como cuando se tiene toda la vida por delante y ningun año de los que lastran detrás. 

Es querer querer, antes que ser querido. Y esperar a todo lo demás, sin saber que esperar.

Es el pasado por el que no todos tuvieron que pasar, y el futuro al que todos deberian aspirar. La igual desigualdad que nos enfrenta a una misma verdad: Que aunque no tengamos todo lo que merecemos, merecemos todo lo que conseguimos tener.

Del verbo ser y sin usar pronombres, para que entienda quien quiera comprender.

domingo, 22 de octubre de 2017

Mapas de papel.


Antes, para escapar, sólo era necesario caminar. Estabamos en aquellos años en los que puedes perderte en mil locuras sin renunciar a progresar. La juventud nos siguió en todas nuestras aventuras, pero se fué en el mismo instante en que todas aquellas maletas nos empezaron a pesar.

Eran días de existir fuera de nuestras casas, de buscar el calor de otro sol. Escapamos de las mismas calles que nos vieron nacer y, fuera de nuestro molde, volvimos a crecer. Fuimos complices de un crimen llamado tiempo, y por nuestros actos nos condenaron a existir. 

Dejadme que os cuente algo sobre ése viaje: Nadie esperaba que fuesemos a escapar, y únicamente por eso lo llamamos huida, aunque nos diesemos prisa en regresar. Era lo que siempre habíamos hecho, pero ésta vez había que saltar. A veces terminas encasillándote, saboteándote a ti mismo. Cuando eres el hombre que salta de edificios, la gente espera que saltes de edificios. Nos precipitabamos sin miedo hacia el abismo y sólo pensabamos cuanto tardaríamos en volver a escalar. Y, una vez más, el suelo se acercó sin prestarle atención. Querida caída: mátame o hazme mas fuerte. 

Algunos regresamos, pero el camino se abrió para todos aquellos que, en medio de su caída, se atrevieron a volar.

Y desde entonces dió igual lo lejos que partiesen o donde fuesen a parar. No puedes decir que allí donde estés sea distante si no tienes un punto de referencia al que llamar hogar. ¿Recuerdas lo que nos dijo la muerte aquella vez?

Los pájaros sin patas duermen sobre el viento. 


And I'd hear them say go this or that way
Followed maps that men had sold me
I did some time with the finest minds but not one of them could have told me
I was looking for you