
Inmenso era el campo del escritor
Donde mil especies distintas crecían
Y todas las plantas en abril florecían
Cubriendo el espacio de luz y color
Tal era la belleza de aquel lugar
Que sin importar en que época estaba
Ni si el cielo todo el día se encapotaba
Multitud de gente acudía a visitar
Mas el escritor su tesoro vigilaba
Y ni un solo día en su labor declinaba
Impedía a cualquiera arrancar ni una flor
Pues las había cuidado con esmero y amor
Y su humilde corazón sin cesar le rogaba
Quererlas a todas con cariño y fervor
Sin embargo a una sobre el resto amaba
Una pequeña estrella en aquel gran jardín
A la que con cariño cada mañana cantaba
“Más te querré cuando el día llegue a su fin”
De delicados pétalos y tallo ligero
No era la mas grande ni de vivo color
Sin embargo a ojos del mediocre escritor
Era su encanto de Dios mensajero
Que ataba su vida a la de aquella flor
Por la que lucharía como el más grande caballero
Y moriría cual humilde pastor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario