¿Conocéis ésa sensación que aparece muy de vez en cuando, en ése instante en que estás viajando en coche con la ventana bajada y la brisa en la cara, con la mirada perdida en paisajes infinitos y la canción idónea sonando en la radio? ¿O cuando estás sentado en ésa playa oyendo el ruido de las olas mientras el sol empieza a desaparecer y llega a ti el olor de la sal, y todo lo que te rodea hace que todo lo que tienes esté en paz? A veces ésa sensación aparece incluso en un simple autobús cruzando la ciudad, perdido en tu reproductor de música. ¿Conocéis ésa sensación de estar en el momento y el lugar perfectos y no querer que termine jamás?
Si pudiéramos, pararíamos el tiempo en esos instantes para vivir en ellos para siempre, pero entonces lo único que realmente conseguiríamos sería perderlos, porque dejarían de ser momentos. Allí reside la magia de los instantes, te pasas la vida esperando y las mejores cosas suceden sin pedir cita previa, en un inesperado momento de paz. Supongo que éso es lo que los hace especiales, que te acompañan por un momento y luego desaparecen.
Lo mismo sucede con las personas a las que amamos, si las retenemos a nuestro lado, el momento deja de serlo y corremos el riesgo de perderlo para siempre.
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