Los ultimos días han sido una tortura en el paraíso. En el transcurso de las horas, mientras el tiempo avanza sin cesar, no puedo dejar de buscar tu mirada. Esos ojos son tan fascinantes, tan extraños y dulces a un tiempo, tan evocadores, que siento la necesidad de encontrarlos. Tanto, que parece que me he vuelto sonámbulo. En las noches siguientes, la luna me encontrará a menudo caminando dormido y me devolverá a la cama. Y ahora, encajado en el asiento de un autocar, necesito escribir lo que siento, porque tú ya no quieres oirlo.
Y mientras reprimo otra lágrima me repito, una vez mas, que al final del dia solo necesito a mi lado a quien quiera estar ahí. Aunque crea que no. Esas son las personas que me sostienen, aun cuando ellas mismas no pueden sostenerse solas.
Y ésa lagrima, y la lluvia contra el cristal, me hacen volver al pasado otra vez, a esas tardes de biblioteca y besos bajo las nubes cargadas. Los dias de lluvia llenan de agua las calles y de recuerdos mi cabeza. Pero aún con todo el peso de los recuerdos vividos, aún con todo lo compartido, las palabras que no vas a decirme, esas son las duras de verdad.
Y pienso, mientras todos dormís y mi noche se presenta eterna recorriendo las autopistas de Europa, que de nada sirve enfadarme, ni renunciar a esos recuerdos, pues negar una historia no la hace inexistente, aunque tú lo hayas hecho siempre; nosotros tuvimos una historia, fugaz pero finalmente eterna mientras duró. Con momentos inolvidables, versos dedicados y besos repartidos. Te guste, o no. Me guste, o no. Estés o no.
Y mi mirada abandona la libreta y se pierde de nuevo por la ventana de un autocar en marcha constante que parece que no va a ninguna parte, aun cuando jamás se detiene. Tantas estrellas tiene el cielo, me digo observandolas, y nos tenemos que enamorar de una fugaz.
Y mientras éstas palabras toman forma está sucediendo lo que tanto me he temido, y me da miedo comprobar que posiblemente ya no hay vuelta atrás; Somos extraños de nuevo, pero ésta vez con recuerdos.
Ésta es la ultima cancion que te dedico, me digo. Ésta es la última entrada que te escribo. Mentir es inevitable. No hay otra cosa que sepa hacer que hablar de ti, conmigo mismo.
'Entonces lloré por ella y por mí, y recé de todo corazón para no encontrarme con ella nunca más en mis días.'
—Gabriel García Marquez, Memoria de mis putas tristes

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