lunes, 26 de marzo de 2012

El primer latido.


Hay una realidad que no podemos evitar, un proceso que es necesario seguir en casi todas las cosas. Conseguir conocer de verdad a alguien es, las mas de las veces, una utopia. La cantidad de capas que es necesario atravesar para llegar al corazón de las personas es prácticamente insalvable, pero merece la pena hacer ese viaje porque, cuando lo consigues, ya nada puede moverte de ese lugar. No es fácil ni habitual, y normalmente (y eso si llega a pasar) hay que superar determinantes pruebas y adversidades que te hagan merecedor de sentir a la par que otros corazones distintos al tuyo, sin filtros ni máscaras. De la forma más pura e intensa.

Hay solo una forma de llegar directamente a aquel increible destino sin hacer el viaje. Y eso es lo que envidio de ti, lo mismo que envidio de mi madre: Que antes de mi voz o de mi rostro, de mi forma de ser, andar o hablar, lo primero que sintió de mi fué mi corazón latir en su interior, a la par que el suyo.

Y lo envidio porque yo jamás podré sentir de la misma forma latir el corazón de un hijo. Pero a pesar de ello estoy en paz, porque he llegado a conocer el corazón mas puro y lleno de vida, el tuyo. Y tú, con uno de sus maravillosos latidos, darás vida a ese corazón que yo jamás sentire latir dentro de mi, pero que formará parte del mio propio de la misma forma en que el tuyo lo hace. Y se con certeza que será una vida maravillosa la que impulsen tus latidos, porque ya impulsaste mi vida una vez, y no ha dejado de brillar desde que la tocaste.

Pero hay algo que si podré hacer, un regalo que no tiene precio que me ha brindado la tecnologia. Algo que haremos juntos el dia en que acudamos al médico para la primera ecografia, y que algun dia susurraré a mi hijo cuando comprenda mis palabras: "Igual que me pasa cada mañana con tu madre, lo primero que vimos de ti, fue tu corazón."

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