Anoche terminé ese libro que me ha acompañado intermitentemente durante
los últimos años de mi vida. Nunca lo consideré un diario, porque jamás escribí
en él lo que me pasaba sino lo que no entendía de mi mismo, jamás lo releí, y
ahora que termino éste libro que empecé hace años, entiendo que cuantas más
palabras escribía en él más me conocía a mí mismo, y que no hay otra conclusión
mejor para ésa historia que la que muestro aquí, en las dos únicas páginas que
he enseñado a los demás.
Lo que jamás podré reprocharme es el haber andado mi camino. He dejado
atrás a personas que me habían abandonado mucho antes de despedirse de mí. He
afianzado amistades que un día no valoré y he conocido a gente con la que
llevaba mucho tiempo conviviendo pero que nunca quise conocer. Siempre he
pensado que lo hice lo mejor que pude, pero los años me han hecho comprender
mis errores y aceptar una culpa que nunca creí mía, en parte por mi
conocimiento de los hechos (porque al fin y al cabo soy narrador de mi propia
historia y no veo sino a través de mis ojos) y en parte por ese Yo orgulloso e
intratable, que se pasaba horas escribiendo sobre mis noches sin caer en la
evidencia de que la luna pertenecía al crepúsculo de todos los hombres, y no
solo al mío.
No obstante, una idea sigue a día de hoy robándome el descanso y anclándome
a los recuerdos de momentos que viví en una época tan distinta, que me parece
que pertenece a otro yo que no es quien ahora termina éste libro: Perdoné cuando me fallaron y no me perdonaron
cuando fallé.
Xavi

No hay comentarios:
Publicar un comentario