martes, 2 de septiembre de 2014

Nosce te ipsum

Anoche terminé ese libro que me ha acompañado intermitentemente durante los últimos años de mi vida. Nunca lo consideré un diario, porque jamás escribí en él lo que me pasaba sino lo que no entendía de mi mismo, jamás lo releí, y ahora que termino éste libro que empecé hace años, entiendo que cuantas más palabras escribía en él más me conocía a mí mismo, y que no hay otra conclusión mejor para ésa historia que la que muestro aquí, en las dos únicas páginas que he enseñado a los demás.

Lo que jamás podré reprocharme es el haber andado mi camino. He dejado atrás a personas que me habían abandonado mucho antes de despedirse de mí. He afianzado amistades que un día no valoré y he conocido a gente con la que llevaba mucho tiempo conviviendo pero que nunca quise conocer. Siempre he pensado que lo hice lo mejor que pude, pero los años me han hecho comprender mis errores y aceptar una culpa que nunca creí mía, en parte por mi conocimiento de los hechos (porque al fin y al cabo soy narrador de mi propia historia y no veo sino a través de mis ojos) y en parte por ese Yo orgulloso e intratable, que se pasaba horas escribiendo sobre mis noches sin caer en la evidencia de que la luna pertenecía al crepúsculo de todos los hombres, y no solo al mío.


No obstante, una idea sigue a día de hoy robándome el descanso y anclándome a los recuerdos de momentos que viví en una época tan distinta, que me parece que pertenece a otro yo que no es quien ahora termina éste libro: Perdoné cuando me fallaron y no me perdonaron cuando fallé.


Xavi

No hay comentarios:

Publicar un comentario