Aficionado como soy a escribir, tengo el ordenador lleno de historias a medio terminar y cuentos inacabados. A menudo los rescato para ver si puedo salvar algo (pues soy, con mucho, mi peor crítico) y, de vez en cuanto, cuando ha pasado el tiempo suficiente, aprecio alguna linea que escribí y que antes odiaba. Hoy traigo un fragmento de ficción de una historia más larga que escribí hace años, sobre un chico que se suicidó dejando multitud de cartas escondidas en los lugares que solía frecuentar, y de otro chico perdido que las encuentra y lee, la historia terminaba en mi cabeza pero no en el papel, así que poco mas puedo desvelar, a parte de que en su momento detesté éstas lineas (como me pasa con todo lo que escribo), pero esta noche de insomnio me ha apetecido sacarlas a la luz, y que ilustro con un dibujo que hice alguna vez en algún lugar:
"...Tras tantos años he comprendido que en mi lista de personas que me han decepcionado la primera posición me pertenece.

Durante cierta época de mi vida yo fui una mala persona. No malvada, pero si mala. Sin norte y sin nadie por quien querer ser mejor.
En ese entonces era difícil decepcionarme porque no esperaba nada de mi y nada me parecía poco. No conocía el tipo de persona que podía llegar a ser, el tipo de persona que fui por unos pocos meses y que hoy extraño.
Entonces todo empezó a ir bien, sin saber como ni porqué, pues la felicidad es caprichosa y llega como se va, sin avisar, y sin dejar que seas tú quien planee sus pasos. En poco tiempo me rodeé de buenas personas y sin darme cuenta cambié de una forma que nunca imaginé posible, en todos los aspectos de mi vida. Pero todo lo que viene se va, y entonces entiendes que cuantas mas cosas bonitas vives mas duro es el día siguiente al despertar, porque debes aprender a luchar con esos recuerdos.
Debo decir que me pilló por sorpresa. Tan rápida e inexplicablemente como vino, se fue. y sin darme cuenta y sin saber porqué había perdido todo lo que me había hecho ser buena persona y me había quedado solo, con la única compañía de mis miedos. Miedo a volver a ser malo, miedo a no conocer de nuevo ese tipo de felicidad, miedo a perder esa parte de mi que tanto me había gustado y que parecía que no me pertenecía, pues era incapaz de traerla de vuelta.
Entonces perdí muchas cosas. Perdí amigos, perdí confianza, perdí fe y por encima de todo aquello me perdí a mi mismo. Y perdido anduve en una oscuridad que me reconfortaba pues me impedía ver en que me convertía. Pero en un momento dado quise abrir la luz, y al hacerlo no reconocí a la persona que me devolvía la mirada en un espejo que me persigue desde entonces.
Y es que tengo un don para agradar, para empatizar con quien sea. Tan fácil me es hacer amistades como destruirlas. Solo existe una persona a la que no se encandilar aun proponiéndomelo, pues es la única persona que conoce todos mis secretos y rincones oscuros.
Y todo ello me llevó a entender algo; malditos los felices. Porque infeliz como eres, luchas por conseguir lo que quieres, por salir del pozo. Pero cuando escalas la montaña y lo tienes todo, olvidas lo mucho que debiste luchar por ello, y te acomodas. Pues la felicidad es caprichosa, y siempre viaja de incógnito. Y no es hasta que ha pasado que sabemos de ella.
Y en esa comodidad vas perdiendo todo lo que no intentas mantener contigo, y como vino, la felicidad desaparece. Entonces llega el tercer estadio, el peor: Infeliz con recuerdos, al que ya no empuja el deseo de mejorar y conocer algo mejor, sino que ve como le ahoga y hunde mas profundamente el martirio de saberse perdido, el miedo de no volver a ser quien fue y por encima de todo la angustia por no poder volver a tenerlo todo. Y entonces llega ese punto, en que no tienes nada. Pero ahora algo a cambiado, ahora necesitas todas y cada una de las cosas que tenias. Y no existe un cuarto estadio. Solo recuerdos, que cuanto mas bonitos son mas duelen. Y apagas la luz otra vez, y sigues andando en tu oscuridad, porque si abres los ojos, estás perdido.
..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario