Dice que tengo que dormir más. Yo le digo que no, que tengo que soñar menos. Me mira con desdén, es curioso, me digo, cuan poco sabe del corazón alguien que los mantiene en funcionamiento.
Leo tus versos y busco, en cada palabra, una vinculación entre nosotros. Una señal. Un poco de gasolina que avive, una noche mas, las llamas de mi mentira.
Y las encuentro, porque en el fondo quiero encontrarlas. Pero no se si realmente están allí o quiero que estén.
Me dices: juega. Me digo que no. No tengo miedo a perder, nunca lo he tenido. Me aterra, no obstante perderte sin haberte tenido jamás.
Me aterra más la certeza de ese terror. Me prometí no volver a ser tan vulnerable.
Tan débil.
Me traslado a mi niñez. Atesoro el recuerdo de un balón nuevo, precioso. Nunca lo saqué de su caja. Nunca dejé que nadie lo tocara. Prefería bajar al parque a perder el viejo, porque ese podía desaparecer sin más, no era importante. El nuevo, no obstante, tenía que estar seguro, a salvo.
Lejos.
Dé mi enorme capacidad de perder lo que quiero.
Demasiado valioso
como para jugar con el.
Demasiado especial
para ser mio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario