Son grandes las sombras que nos eclipsan, ¿verdad?
No me culpes si me he equivocado tantas veces en el viaje, tú seguiste el camino mas sencillo. La vida puede ser muy dura para los vivos. Cualquiera puede morir, pero no todo el mundo tiene el valor suficiente de vivir. A veces aún sigo enfadado contigo por abandonarme, a veces conmigo mismo por no dejarte ir.
Dios dice: Doy fuerzas al que no tiene ningunas.
Fuiste mejor maestro que yo aprendiz.
Claro que lo se, hoy hace un año que te fuiste, no creerías de verdad que iba a olvidarlo. Supongo que debo pedirte perdón, por no haber cumplido mi parte. Por no haber hecho caso a tus palabras, pero es que, de alguna forma, decidiste que fueran las ultimas sin consultármelo, sin tener en cuenta que, quizás, yo aun te necesitaba a mi lado un poco mas de tiempo.
Era mediodía pero en mi recuerdo siempre parece noche cerrada. En ese momento tú ya sabias que te ibas, ahora lo se. Tu mirada me decía cosas que en ese instante no fui capaz de entender porque, al fin y al cabo, ¿Quien puede aceptar la muerte con tanta serenidad? La gente es alérgica a morir.
Ve a escribir tus propias historias.
Aún me sorprende que, incluso para irte, eligieras la forma mas trascendental. Tú, que siempre dominaste el tempo, que tenias controlado todo cuanto te rodeaba. Dime, ¿Tenias preparada la frase o realmente te salió del corazón? Ve a escribir tus propias historias, esas palabras aun resuenan en mi cabeza cada vez que cierro los ojos.
Y empece a hacerlo, de verdad que si. Empece a escribir por ti, por ellos, por todo lo que habíamos conseguido juntos. Porque si hoy soy el hombre que creo ser, es por tu culpa.
Pero me equivoqué de lienzo.
Empecé a escribir una historia y, al terminarla, me di cuenta de que en realidad el malo no era tan malo, el bueno no era tan bueno y la historia, al final, no tenía final.
Seguía, de alguna forma, bajo la sombra de tu grandeza. Bajo el abrigo de tu recuerdo. Resulta que todo lo que yo contaba no me pertenecía a mi. O al menos, no al Yo que era ahora. Estaba hablando, sin darme cuenta, de un Javier que murió contigo.
¿Recuerdas ese tatuaje del que siempre te hablaba? Me dijiste: Si quieres algo, nadie va a ir a por ello en tu lugar. El miedo a las agujas no era, por aquel entonces, una excusa bajo la que escudarme. Ni el tatuaje el objetivo real que yo perseguía. Cuando lo entendí, fui capaz de hacérmelo y seguir adelante con la siguiente pagina de mi nuevo libro. Aun me recuerda a ti cada vez que, inconscientemente, me llevo la mano al brazo.
Me río a menudo de ello. Se que no te habría gustado que me lo hiciese, no te creas que no me daba cuenta, pero no querías que yo abandonase esa idea sólo porque era lo que tu harías en mi lugar, así que nunca me lo dijiste directamente. Fuiste fiel a tus enseñanzas hasta el final.
Por eso lo hice, porque es lo que yo habría hecho en mi lugar. Porque hay que proyectar nuestra propia sombra y escribir nuestra propia historia. Y a todo lo que ya significaba para mi, todo eso que solo tú sabias, ahora le sumé un nuevo motivo: Ahora también lo llevaría por ti, por llevarte la contraria hasta el final de los días. No te sorprendas, sabes que el humor es mi forma de sobrellevar el dolor. Río cuando estoy triste, río cuando estoy feliz. Así, al final, ya no recuerdo como estoy y solo me acuerdo de reír.
Dios dice: Doy fuerzas al que no tiene ningunas.
Fuiste mejor maestro que yo aprendiz.

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