martes, 2 de febrero de 2016

El abuelo loco que se casó dos veces.

A veces llegamos a un punto del viaje en que se precisa dar un paso al frente o claudicar. Existe una bifurcacion y debemos elegir si seguimos por la ruta previamente establecida o nos adentramos en el sendero que se abre paso a un lado del camino. El mapa que nos guiaba ya no nos sirve, de repente todos los caminos son nuevos y debemos escoger rápido, o el instante se perderá. Y en ese momento y solo entonces necesitamos valor

Lo buscamos en aquel rincón dentro de cada uno de nosotros donde se esconde para salir únicamente en los momentos importantes. Es sencillo en realidad, nos basta con decirnos a nosotros mismos una de aquellas frases baratas que tanto nos gustan. Una de tantas puede valer, solo hay que consultar nuestra red social mas cercana para empaparnos de ellas. "No tienes que ser grande para empezar, pero si empezar para ser grande". 

Y, así, empezamos

Hay muros, siempre los hay. Pero los queremos destruir. Se trata, en realidad, de una especie de baile sincronizado que surge sin avisar. Que no tiene de hecho los pasos establecidos. Y al ritmo de toda una vida que se concentra en ésta tarde junto a ti, bailamos

Y sumergidos en éste baile las horas se suceden. Nos acercamos lo suficiente como para poner a prueba ese valor, en dosis pequeñitas para no asustarlo evitando así que vuelva a su rincón. Y, cada poco tiempo, sucede. Uno de esos vuelcos del corazón, ¿Lo has notado? Está bien, me digo. Significa que vivimos. 

Uno de mis seres humanos favoritos lo dijo una vez: "Es muy peligroso cruzar la puerta. Vas hacia el Camino, y si no cuidas tus pies no sabes hacia donde te arrastrarán".

Y dejando atrás la puerta, vivimos. Y lo hacemos en una especie de subida constante, una escalera sin fin que solo nos permite descansar regalándonos unos pocos rellanos en el ascenso, formados por aquellos momentos de absoluta paz en mitad del caos eterno del paso del tiempo. 

De vez en cuando seguimos subiendo cuando deberíamos reposar, y damos un paso en falso precipitándonos a un escalón fantasma cuyo poder sobreestimamos una vez más, pues así se manifiestan nuestros miedos. Siempre tratando de parecernos mas grandes de lo que realmente son. Siempre extendiendo su amenazante plumaje frente a nuestro brillante sol. Es un engaño, pero caemos en él. Y dudamos. 

Y en una de esas subidas incesantes, en el traspié del último inexistente escalón, mientras todavía hablamos descubro que ahora formas parte de ellas, de aquellas verdades absolutas que sostienen el paso de mis dias, de las que podría enumerar unas y guardarme las demás para un momento, tal vez, más indicado; 

Que leer llena pero no engorda. 

Que no es lo mismo vivir en serio que en serie

Que el tiempo no es oro. El oro no vale nada. El tiempo es vida

Y por encima de todas ellas que existe una única verdad y todo lo demás no importa. Una verdad disfrazada de mentira. Una verdad tan efimera como imperterrita. . Y si, es cierto, a veces debemos escoger que puentes cruzar y que puentes destruir para siempre. Pero resulta que, contra todos mis pronósticos, me viste. No se por cuanto tiempo ni con que intensidad. Pero si que entonces fui plenamente consciente de que mi vida, tal y como era hasta ese momento, habia acabado para siempre. 

Y en medio de esa revelación te pienso, como tantas otras veces en las noches que me han precedido hasta el día de hoy. Y me hago una vez más las mismas preguntas que me han acompañado en éste camino. Quisiera saber que piensas cuando callas. Y cuando me ves. Saber que planeas... Y si soy parte de tus planes. 

Y al final del dia llega a mi mente una de aquellas verdades de las que no os he hablado aún. Creo que éste es un buen momento para hacerlo: Aceptamos el amor que creemos merecer. Yo, me digo, podría convencerme a mi mismo de aceptar el que no creo merecer.

Siempre, claro está, que a ti te parezca bien.



https://www.youtube.com/watch?v=bMOrsD7wlo0
Hold me closer than anyone before

No hay comentarios:

Publicar un comentario