Y en los milímetros que separaban su boca de la mía, un nuevo universo en accidentada expansión.
Y el calor de sus mejillas, su nariz acariciando la mía y todo lo que aún no nos habíamos dicho resumido en un solo gesto capaz de llenar de nuevo el mar de sus deseos, tan sencillo y tan sumamente complejo a la vez.
Y en mis pupilas grabado a fuego el eterno momento de un instante que iba a desvanecerse para permanecer en mi siempre.
Y una vez más el espectáculo de su sonrisa, ahora únicamente mía, me recordaría lo inaudito del ahora y lo magnifico de un mañana a su lado, condensando en un breve instante todo lo que habia sido y todo lo que iba a ser, bajo el único estandarte de la Esperanza más preciosa que jamás sostuve.
Y de su mano la fuerza de mil lunas llenas elevando las mareas de mi destino que, inesperado en el recuerdo de lo que aún hay que vivir, se tornaba más brillante de lo que jamás fue, para ser suyo para siempre.
Y la música de su mirada enmudeciendo por completo un mundo que no para de gritar. Y en mi corazón mil versos escritos, y mil versos por escribir. Y en mis manos las suyas. Y en mis ojos su perfección. Y en su vida, la mía.

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