sábado, 18 de junio de 2016

Fuego y lluvia.

Me tumbo para cerrar los ojos porque llevo semanas sin dormir. Me tumbo y mi cuerpo exhausto arrastra a mi mente siempre despierta, siempre alerta, a un letargo inducido. Al abrazo del sueño fruto de una pastilla que se abre paso a través de mi garganta escoltada por los últimos resquicios de la cocacola que sobraba de ayer, de la cafeína que lleva días manteniéndome en pie. Y poco a poco mi mente se apaga, pero se resiste a irse, luchando una vez más por mantenerme despierto. Y a punto estoy de sucumbir a la nada, pero entonces vuelves a mi.

Y pienso. 

Pienso en que es querer. En como explicar que es el amor. Como justificarlo. Pienso en lo único que es seguro en una vida que anoche se desmoronó ante mis ojos impotentes. Y en como lo siento yo.

Como una hoguera en mitad de la noche. Como el único refugio cálido enfrente del abismo de la absoluta oscuridad. Así actúa nuestro corazón al contacto con otro. El amor es llama, y nos llama, en medio de la tormenta; nos acurrucamos junto a él y cerramos los ojos para sentirnos seguros, secos y a salvo de las mareas de los asuntos de los hombres, porque en esa pleamar flotamos ahora, y habla Shakespeare a través de los tiempos, siempre con voces distintas, y nos recuerda que debemos aprovechar la corriente cuando es favorable o perderemos nuestro cargamento.

Pero incluso en la tormenta más oscura, aún sometidos al frío más desgarrador, el fuego quema si nos acercamos demasiado.

Y aún tumbado, aún despierto, pienso. En que a veces desnudarse bajo la lluvia, sentir la caricia de las gotas en nuestra piel y cerrar los ojos con la mirada ausente fija en lo más alto y lo más adentro posible es la mejor opción, la mas reconfortante de las sensaciones. A veces el único calor que necesitamos nace de nuestro interior, sumergidos en el eterno vacío de la tempestad. A veces basta con ver la hoguera a lo lejos y dejar que el frío cale nuestros huesos.

Y a veces, te pienso. Y otras también.

Arde la llama en un atardecer temprano, y todos los mañanas se transforman en pasado.



"No dejes que se extinga tu fuego, chispa a chispa irremplazable, en los pantanos desahuciados de lo incompleto, del todavía no, del no en absoluto. No dejes que perezca el héroe que hay en tu alma en una frustración solitaria por la vida que merecías pero nunca has podido alcanzar. El mundo que anhelas puede conseguirse. Existe, es real, es posible, y es tuyo."

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