miércoles, 10 de agosto de 2016

La metáfora del ser.

Es curioso como había pensado en la canción que iba a acompañar a ésta entrada incluso antes de escribirla. Porque últimamente me siento como un niño en un mundo de hombres que no para de tomar decisiones porque no sabe que decisión tomar. 

La vida en una sala de quirófano. El constante goteo de la anestesia me hipnotiza y me permite ver cuanto sucede a mi alrededor, pero me prohibe tomar las riendas del momento. Como en tantas ocasiones en nuestros días, me digo con la mente adormecida aunque más despierta que nunca. Ni siquiera cuando me obligan a dormir, puedo conciliar el sueño. Algo hay roto dentro de mi, algo no funciona bien. Tengo esa certeza. 

La inquietud hace sitio a la expectación, que se apodera ahora de todo mi ser. Los recuerdos de éste momento están borrosos e incompletos así que me permito reemplazar las lagunas con algunas licencias poéticas. La aguja incide y mi cabeza me dice que eso tiene que doler, me obliga a sufrir. Pero yo solo puedo pensar en lo profundo que será capaz de llegar antes de tocar hueso. El momento es eterno y, a la vez, un instante. Es curioso, me digo, como me obligo a sentir cuando no lo puedo hacer, mientras que me paso los días buscando lo contrario, suplicándome a mi mismo dejar de surcar y sentir los pliegues que se forman donde antes algo se rompió dejando ahora la cicatriz. Esa clase de heridas que nunca desaparecen, aunque aprendas a vivir con ellas... 

...esa clase de cicatrices que significan historias, que dejan tras de si para la eternidad el instante en que nacieron, y todo lo que con ellas vino después. Que nos forman y nos moldean, que nos dan la belleza de lo imperfecto y nos transfieren, con ése dolor en las vísperas de los días lluviosos, el recuerdo de lo vivido para ayudarnos a vivir. Porque las únicas huellas que sabemos dejar los hombres suelen ser cicatrices, y una vez leí en alguna parte algo que nunca he vuelto a olvidar; que son sitios por los que el alma ha intentado escapar, pero ha sido obligada a volver, ha sido encerrada, cosida dentro. Y muchas veces no podemos verlas; pero siempre sabemos que están ahí. Es bonito sufrir, me digo a mi mismo, si es a cambio de salvaguardar tu alma.

El cirujano no para de hablar conmigo, pero ni intento aparentar que le sigo. Apenas un movimiento de cabeza para indicar que sigo consciente y después, me sumerjo en mi mundo. Le basta con eso para continuar, no necesito decirle nada mas. Pienso, ¿Sabes cuándo acertamos? Cuando dejamos de hacernos preguntas y empezamos a dar respuestas. Lo usaré cuando salga de aquí, espero no olvidarlo antes de ser capaz de apuntarlo en alguna parte. Cuantas veces he tenido esa sensación; necesito escribir para sentir que sigo vivo.

Y aqui estoy tumbado, perdiendo una parte de mi sin hacer nada para evitarlo, buscando éste momento. Me repito otra vez cuan curiosa es la metáfora del ser en la que me hallo, cuantas veces he intentado mantener a mi lado aquello que no me pertenecía mientras que dejo escapar con tanta facilidad lo que Dios me dio a mi, lo que es mio. Me siento egoísta con éste pensamiento, pero sigo medio dormido y culpo de ello a la anestesia. Nunca he sabido asumir la culpa de mis propias heridas. 

Silencio y todo ha terminado. Te dan las gracias por tumbarte a esperar, después de haber operado contigo. A veces no hay que hacer nada, a veces simplemente basta con dejarse hacer. He aprendido algo más; La respuesta correcta a veces es, simplemente, esperar. Aunque, me recuerdo a mi mismo con solemnidad, los hay que de tanto esperar olvidan incluso porque esperaban.

Al final, todo ha quedado igual. Hoy se ha salvado una vida, aunque no sea la tuya. 




And I felt like a child in a world full of men
Trying to capture that something again
Strong as an ox but slowly turning to stone.




No hay comentarios:

Publicar un comentario