miércoles, 19 de octubre de 2016

20.000

Había una vez un niño que quiso ser un hombre. Algo sobre mi; Crecí tan rápido que, por el camino, me olvidé de crecer. En una lucha constante contra el mundo nunca supe enfrentarme a mi. Y es que es mas fácil odiar a los demás que odiarse a uno mismo. Constantemente me refugié en aquellos libros que me mostraban una realidad demasiado lejana a la mía como para correr el riesgo de perderme en ella.

Todavía hoy un atlas es mi lectura favorita. Siempre los mismos puntos, siempre distintas fantasías. Me lo prometía, un día estaría realmente en todos los lugares que señalaba con el dedo. Porque seguir el mapa con el dedo no era para mi una frase pronunciada irreflexivamente, sino un sentimiento exultante. Soñaba con mis viajes futuros y con cuándo y cómo los haría.

Y es que como decía Cesare Pavese un sueño deja siempre una impresión de grandiosidad y absoluteza. Ello nace del hecho de que en el sueño no hay detalles triviales, puesto que, como en una obra de arte, todo está calculado para producir efecto.

Pero dejamos a los sueños ser sólo sueños, porque ¿Para que perseguir aquello que no existe? ¿Donde está la dirección correcta cuando lo que queremos solo sale en los mapas de nuestras noches? En esa oscuridad nos perdemos, ¿y sabes lo que me gusta de ti? Que ves cosas donde los demás sólo ven oscuridad. Que sabes crear emociones a partir de una simple hoja en blanco, que cuando miras por la ventana ves el mar o las mon­tañas...

Y si avanzas en la noche callada y solitaria, si de repente tus manos se enfrían en verano; Si no sabes quien eres, ni encuentras el camino de vuelta sobre lo andado; Si no quieres que me acerque de nuevo a tu lado, entonces, en ese momento, sabré que todo ha terminado. Sabré que ha sucedido cuando lo tenga frente a mi, como aquella noche en que me quedé pegado al cristal que separaba tu vida de la mía, mientras veía desvanecerse ante mí los sueños no cumplidos y los que quedaban aún por soñar.

Algunas veces crees que quieres desaparecer, pero lo que realmente quieres es ser encontrado.


Porque te pones tan presumida
es que me vas a arruinar la vida.
Siempre me matan las despedidas
Tan solo ser un espectador.

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