viernes, 21 de octubre de 2016

No es oscuridad, es Silencio.

Y, a cambio de todo lo que no puedo decir, hablo del silencio.

No sabeis cuantas veces intenté dejar de escribir. Cuantas paginas en blanco han desaparecido exterminadas por el arrebato de la necesidad de gritar en silencio, de exponerme ante mi mismo una y otra vez. Solo yo sé cuanto me he odiado por sacar de mi interior sentimientos y momentos que siempre quise encerrar bajo llave en ese oscuro rincón al que los hombres decidimos un día bautizar como mente. Poca gente sabe que ésta palabra proviene de la misma raíz que mentir, y menos gente aún sabe porqué. Como en tantas otras cosas, hemos heredado el misterio.

El cerebro necesita emocionarse para aprender. Por eso crecemos cuando somos felices, pero también cuando nos hieren. Y en esos momentos de oscuridad nuestro ser se expande y ocupa un sitio que antes no le pertenecía, para llegar a formar parte de un todo que ocupa espacio pero te deja vacío.

Y únicamente en tu soledad comprendes que la vida es muy corta como para esperar a alguien que no sabe lo que quiere, y que nunca antes habías sabido tan bien lo que no querías tú, aunque aun te falte camino para llegar a ser quien quieres ser. Y gritas, aunque nadie te oiga, gritas porque sabes que si no dices lo que sientes esos silencios te harán ruido toda la vida. 

En el ocaso del alma encontramos nuestro hogar y nos acurrucamos al calor de nuestros miedos cuando lo que aguarda fuera de los muros es demasiado grande o tenebroso para hacerle un sitio al abrigo de nuestros pies. Brilla en el alma lo que antes faltaba, y de repente en la noche nos guía quien decidió desaparecer. No queda nada atrás, y a veces, en esas noches, encendemos la luz para no ver nuestras propias tinieblas. 

Duele cuando lo comprendemos; No importa cuan rapido viaje la luz, allá donde llega siempre le está esperando la eterna oscuridad. Pero solo de noche brillan las estrellas, como sólo a oscuras se oye el silencio. Y ahí es dónde nos solemos perder, en el mundo de los silencios; Escondidos detrás de lo que no se dice.

¿Y sabeis porque aterra? Porque, tarde o temprano, todos llegamos a comprender que no hay nada peor que el estruendo que causa el silencio.

Cada uno fue traído aquí por una razón, y mientras trato de averiguar la mía comprendo algo que siempre me persiguió, y que me aguarda en cada noche desde aquella noche en que tu luz llegó antes que la oscuridad; Si no podemos vivir juntos, sin importar lo que intentemos, vamos a morir solos. 

Y todo lo que pase entre medias, da igual como lo llamemos, será huir.


Porque la primera vez que me sonreíste 
fue la última vez que pude vivir sin ti.







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