No me gustan los cuentos -dijo el escritor- porque los escribimos los humanos. En una jugada por y para nosotros la objetividad suele brillar por su ausencia. El bueno siempre es el hombre, ¿Y el malo? Pues todo lo demás. Cualquier bicho lo suficientemente grande y con ganas de vivir que se cruce en nuestro camino. Cualquier criatura que podamos enfrentar, para no tener que enfrentarnos a nosotros mismos.
Por si eso fuera poco, solo los escribimos cuando hay algo que nos interesa contar, lo que significa que la mayoría de las veces nos callamos y enterramos en el olvido las historias importantes, únicamente porque no queremos que perduren. A causa de ello, los cuentos siempre relatan la parte en la que el príncipe vence al dragón y vuelve siendo un héroe. Ninguna de sus páginas nos habla de todos los aspirantes a monarca, de otros reinos olvidados, que fueron a su encuentro antes que nuestro protagonista. La guarida del dragón también está llena de los huesos de hombres muy seguros de si mismos. Escribid un cuento sobre eso.
Supongo que el dragón no se empeña en dialogar. Tiene, de hecho, otros objetivos. Él conoce muchas cosas, pero no siente la necesidad de demostrártelo. ¿O acaso nos paramos a charlar con los mosquitos antes de aplastarlos?
Pues el dragón, igual. A lo anterior podemos sumarle el hecho de que nuestra criatura suele ser un monstruo mas sabio de lo que queremos admitir. Sabe de nosotros lo suficiente como para ser mas temible por lo que calla, que por sus mandíbulas o el fuego de sus entrañas. Y es que el dragón sabe que te bastas tu mismo para destruirte, sin que él tenga que mover ni una garra.
"Disculpe mi osadía, señor Don Insecto, pero me dispongo a exterminar su existencia, pues su errático vuelo sobre mi cabeza junto con el zumbido de sus alas me perturba levemente en ésta tarde de verano"
Pues el dragón, igual. A lo anterior podemos sumarle el hecho de que nuestra criatura suele ser un monstruo mas sabio de lo que queremos admitir. Sabe de nosotros lo suficiente como para ser mas temible por lo que calla, que por sus mandíbulas o el fuego de sus entrañas. Y es que el dragón sabe que te bastas tu mismo para destruirte, sin que él tenga que mover ni una garra.
Lo que el dragón sabe de ti, es que no importa que camino escojas, no tienes que ser el héroe de la historia. Lo único que de verdad importa, y nadie te lo dirá, es conseguir llegar a la última pagina del cuento. Porque solo los que ven el final pueden hablar sobre todos sus principios. Nadie que se quede por el camino va a relatar jamás la aventura que le hizo abandonar. Llegad al final de vuestra historia y encontrad un comienzo, haced que el camino haya merecido la pena. El dragón es mas fuerte por ese motivo, porque no se empeña en prevalecer, lo hace.
Lo que el dragón sabe de ti, y tu ignorabas, es que el principal enemigo de los hombres, son otros hombres. Y da igual cuantas llamas salgan de sus fauces, no importa cuanto nos consuma su fuego. El enemigo real, somos nosotros. Nuestro fuego, aunque no quema, arde incontrolable y todo lo devora a su paso, y no hay forma de que sepamos cuanto dolor podemos llegar a provocar. Supongo que no podemos juzgar las cenizas, si no sabemos como fue el incendio.
Lo que el dragón sabe de ti es que la princesa puede enfrentarse al monstruo sin tu ayuda y lo único que te empuja a arriesgarte es la necesidad de gustar. De mostrarte valeroso. Da igual si el miedo consume tus entrañas cuando los que te ven piensan que no solamente vas a matar a la criatura, sino que ademas quieres hacerlo.
Lo que el dragón sabe de ti es que no hay filo lo suficientemente afilado para matar los miedos que te dan forma. Que la noche no siempre coincide con el adiós del sol y que hay suficiente oscuridad en el universo como para que la fuerza de billones de estrellas se resuman en unos puntos en el oscuro lienzo de la existencia.
Lo que el dragón sabe de ti, es que el monstruo mas temible vive dentro tuyo. Y oculto entre las sombras de tus fantasmas, susurra tu nombre.
Dad alimento a mi alma:
un mar, un cielo, un camino
por donde quemar con calma
las leñas de mi destino.

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