Escapas constantemente y no es sino de tu sombra de lo que huyes. Buscas esa sensación. Aquella persona que tiene el poder de llenarte cada vez que sonríe. Sin comprender, todavía, que eso dice mucho mas sobre su risa, que sobre tu vacío.
Intentas descansar, correr hacia esa zona segura. El último lugar al que llamaste, en silencio, hogar. Y quizás un hogar sean dos brazos en los que siempre nos sentimos a salvo.
Y si, sin motivo aparente, dejas de creer en ello es porque ya no recuerdas lo que era querer a alguien, ya has olvidado que el físico no tiene nada que ver. Que se trata de sensaciones, de hacerte temblar sin estar, de conseguir que sonrías aunque no puedas verle.
Dos verdades:
Hay quienes buscan la invisibilidad, mientras otros huyen de la transparencia.
...y hay sentimientos que no entienden de grises. No odias un poquito, ni quieres a veces. Ninguno de nosotros está parcialmente intacto.
Y precisamente a veces llego a la conclusión de que allí reside el secreto de vivir: Es único porque sucedió una sola vez. No se pueden coleccionar sensaciones.

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