sábado, 4 de marzo de 2017

El viaje de Copperpot


Me lo susurro a mi mismo porque últimamente le estoy cogiendo el gusto a esto de hablar sólo. Estos momentos tienen sentido. Aunque no lo sepamos ver hasta que ya están muy lejos (en el recuerdo). Los días nostálgicos sirven para ver de donde venimos, o hasta donde hemos llegado. 

Bien, ¿Podemos ponernos serios solo por ésta noche? ¿En que piensas? La pregunta del millón.

Hoy pienso en esa gente que vive corriendo, huyendo constantemente o yendo directos hacia ninguna parte. No está muy clara su dirección. Yo fui uno de ellos, a veces. La vida de esas personas consiste en vivir con el volumen a tope: los altos son muy altos, y los bajos no tienen fondo. Y después de un gran sábado noche, no hay momento de mas soledad que la tarde del domingo.

A menudo transmito el mismo mensaje en todo lo que escribo: Perderse es encontrarse. Quizás hayáis odio alguna vez aquello de que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Pues bien, no existe forma más fácil de perderse, que recorriendo ése camino. Y es que la acción mas pequeña vale mas que la intención mas grande, me digo a mi mismo mientras escribo otra hoja más en ese cuaderno que solo yo se abrir, poniendo el punto y final tras una última revelación; que quizás la libertad sólo sea eso, poder elegir de quien ser prisionero.

Silencio; Una piedra más en el camino. A veces, no hacer nada, es tomar la decisión más importante. A veces ganamos cuando perdemos. A veces, el único juez inconvencible lleva nuestro propio nombre, y escondido tras nuestra mirada nos susurra al oído que el olvido es un océano, que los recuerdos son de agua y que, a veces, escapan de nuestros ojos. 

El mismo mantra universal que todos repiten y a nadie pertenece: Caer está permitido, levantarse es una obligación.

Mírate, y mira ahora hacia atrás.

Siento que hoy no puedo más 
Te busco y solo encuentro mar 
Necesito verte y hablar 

Se que estas lejos de aquí 
Sonriendo sin reír 

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