Escribo porque no sé hacer otra cosa. En esos instantes
atemporales cuando no es ni muy tarde ni demasiado pronto, en ese abrigo nocturno, en medio de la oscuridad, en el que no te atan las horas del día y
todo sucede a otra velocidad. Escribo para afrontar el miedo a lo que viene, a
vosotros, tan débil en mi propia fortaleza, lejos de los ojos del planeta,
donde con mis anhelos cohabitan mis demonios, en una lucha secreta. Medito cuando ya no me queda más
que hacer, tras el deber cumplido o el remordimiento previo a mi amanecer.
Medito y recuerdo aquel fragmento, de un maestro de los de antes, que rezaba que las tristezas no
se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las
sienten demasiado, se vuelven bestias.
J. F. Pedrera

No hay comentarios:
Publicar un comentario