Alguien inventó el automóvil y el hombre tapizó el planeta
con asfalto. Andas por la ciudad y no ves otra cosa, o edificios o el gris
asfalto, como una muralla impenetrable entre nosotros y la tierra. Como un
chubasquero sin hueco para la cabeza. Hoy ya no hay espacio para la vida, solo para vivir.
Viajamos en tren y nos bajamos en las paradas exóticas, pisamos, para poder
decir que hemos estado aquí. No puedo decir que haya estado en Barcelona
últimamente. He estado encima.
¿Recuerdas como era todo antes? Me preguntan a traición. Pues claro
que lo recuerdo, vaya pregunta más estúpida, era distinto. Mejor, mejor es la
palabra. Antes todo era mejor... ¿Cuanto antes? Dejo de responder a sus preguntas, me
voy, pero esa en concreto cala en mi interior, ¿cuanto antes?
Porque yo me hago constantemente esa
pregunta, y te puedo asegurar que no existe respuesta alguna. Porque ha pasado
por la cabeza de todos nosotros alguna vez, pero no merece la pena darle mayor
importancia.
No me he dado ni cuenta y nada es como era, no diré como debiera ser, porque no lo se. Pero salgo a
pensar y solo se me ocurre hablar del estúpido asfalto.
Alguna vez has tenido esa sensación de
que algo se te escapaba de las manos? De no saber bien a donde te diriges
exactamente? Cada acto tiene una consecuencia, cada acción una reacción,
cualquier día puedes hacer algo que signifique un cambio drástico en tu historia personal.
¿Y como seria todo si...?
Es inevitable dudar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario