-Yo no te perdono
Esas palabras resonaron en su cabeza durante toda la noche. Se arrepentia de haberlas dicho, sabia que iba a arrepentirse al decirlas y aún así las habia pronunciado. Ni siquiera el constante traqueteo del viaje en tren consiguió hacerle conciliar el sueño. "Bueno, en tres horas empezaré una nueva vida" pensó, y cerró los ojos quedandose quieto, más despierto que nunca, y también más solo.
No podia creerse que tantos infortunios juntos hubieran fastidiado algo tan bonito. Porque en realidad todo fueron malentendidos, un conjunto de hechos inesperados que convirtieron una pequeña riña en un muro inquebrantable entre los dos. Y él no habia sabido solucionarlo cuando debió haberlo hecho. Aún ahora pensaba donde estaria en este momento si se hubiese atrevido a hacer una simple llamada, si no hubiese dejado enfriar las cosas, si hubiese sido valiente.
Se giró sobre si mismo y abrió inconscientemente los ojos otra vez. La noche era preciosa, almenos eso tenia; un enorme cielo estrellado que escondia a saber cuantas historias. Al centrar su vista fijamente en una estrella en concreto, todas las demás desaparecierón de la periferia de su visión. Una estrella, quizás el centro de algun sistema cargado de planetas entre los que, alomejor, habria uno con hombrecillos verdes desolados que observaban el sol preguntandose que habria más allá de su basto mundo. Él lo sabia: habia mentiras.
Ahora ya nada podia hacer, el corazón cerraria heridas o moriria en el intento, estaba decidido a vivir con la cabeza durante un tiempo. Se le habia presentado una ocasión inmejorable de avanzar, cambiar de aires y intentar superarlo y, quien sabe si en el mejor de los casos, olvidar lo sucedido. Habia conseguido su beca de investigación, tenia dinero en el bolsillo y doce horas de avión en sus espaldas. Desgraciadamente el trayecto incluya un último tramo en tren hacia el corazón de la isla, donde el gobierno del país no habia considerado oportuno construir un aeropuerto en condiciones, o quizas los grupos medioambientales habian presionado lo suficiente a la persona indicada para evitarlo. El paisaje era inmejorable, puro y básicamente natural, precioso, un lugar para irse de vacaciones. Pero en esos momentos él sacrificaria todo ese tesoro de la biodiversidad por un vuelo directo de 20 minutos a su destino, una cama en condiciones y, con un poco de suerte, un desayuno caliente por la mañana que no se revolviera en un tazón al compás de las vias. Y seguia el incesante ruido de la marcha del tren, sin detenerse pero sin llegar nunca... y seguia despierto una hora más.
[....]
Esas palabras resonaron en su cabeza durante toda la noche. Se arrepentia de haberlas dicho, sabia que iba a arrepentirse al decirlas y aún así las habia pronunciado. Ni siquiera el constante traqueteo del viaje en tren consiguió hacerle conciliar el sueño. "Bueno, en tres horas empezaré una nueva vida" pensó, y cerró los ojos quedandose quieto, más despierto que nunca, y también más solo.
No podia creerse que tantos infortunios juntos hubieran fastidiado algo tan bonito. Porque en realidad todo fueron malentendidos, un conjunto de hechos inesperados que convirtieron una pequeña riña en un muro inquebrantable entre los dos. Y él no habia sabido solucionarlo cuando debió haberlo hecho. Aún ahora pensaba donde estaria en este momento si se hubiese atrevido a hacer una simple llamada, si no hubiese dejado enfriar las cosas, si hubiese sido valiente.
Se giró sobre si mismo y abrió inconscientemente los ojos otra vez. La noche era preciosa, almenos eso tenia; un enorme cielo estrellado que escondia a saber cuantas historias. Al centrar su vista fijamente en una estrella en concreto, todas las demás desaparecierón de la periferia de su visión. Una estrella, quizás el centro de algun sistema cargado de planetas entre los que, alomejor, habria uno con hombrecillos verdes desolados que observaban el sol preguntandose que habria más allá de su basto mundo. Él lo sabia: habia mentiras.
Ahora ya nada podia hacer, el corazón cerraria heridas o moriria en el intento, estaba decidido a vivir con la cabeza durante un tiempo. Se le habia presentado una ocasión inmejorable de avanzar, cambiar de aires y intentar superarlo y, quien sabe si en el mejor de los casos, olvidar lo sucedido. Habia conseguido su beca de investigación, tenia dinero en el bolsillo y doce horas de avión en sus espaldas. Desgraciadamente el trayecto incluya un último tramo en tren hacia el corazón de la isla, donde el gobierno del país no habia considerado oportuno construir un aeropuerto en condiciones, o quizas los grupos medioambientales habian presionado lo suficiente a la persona indicada para evitarlo. El paisaje era inmejorable, puro y básicamente natural, precioso, un lugar para irse de vacaciones. Pero en esos momentos él sacrificaria todo ese tesoro de la biodiversidad por un vuelo directo de 20 minutos a su destino, una cama en condiciones y, con un poco de suerte, un desayuno caliente por la mañana que no se revolviera en un tazón al compás de las vias. Y seguia el incesante ruido de la marcha del tren, sin detenerse pero sin llegar nunca... y seguia despierto una hora más.
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