sábado, 27 de junio de 2015

En el camino te encontré

Una vez leí en alguna parte que amar es una pequeña palabra con un gran poder, como el filo de una navaja, que corta tu vida por el centro, separándolo todo en dos: antes y después.

Antes y después, pero también durante: un instante no mayor ni más largo que el filo de una navaja, pero eterno mientras dura. Ojalá pudiera convertir éstos momentos en un perfume, para poder embotellarlos y que nunca se desvaneciesen, así podría destapar la botella para volver a revivirlos siempre que quisiera.

Es curioso, e incluso da un poco de miedo, como la cosa más pequeña puede cambiarte la vida. En un instante, algo pasa por casualidad y de repente todo ha cambiado. Porque fue en un instante, sin saber por qué, que decidí cambiar de planes aquella noche, decidí coger la mochila y ponerme a andar en medio de la oscuridad. Y en esa oscuridad te encontré, y sin buscarlo, sin esperar que sucediera, llegué a la cima contigo. ¿Y sabes una cosa? No he vuelto a bajar de ella desde entonces, porque desde aquí arriba las vistas son preciosas y todas las palabras tienen sentido. Y desde ese momento, cada vez que te miro, que te escucho con mi cara de idiota, hay un único pensamiento que ocupa mi mente a plena voz, tan fuerte que a veces creo que la gente a mi alrededor puede oírlo: Quédate conmigo.

Solo quiero que sepas que no hay nada en ti que no quiera conocer, que no hay nada que puedas hacer para que me vaya y que para mí, la única condición es que no hay condiciones, que no cambiaría nada de ti bajo ninguna circunstancia, y que ahora mismo lo único que me apetece averiguar es que esconde ésa mirada tuya distinta, cautivadora. Que no tengo miedo a perderme si es contigo, porque lo único que quiero es perderme para siempre en ti.

Si esto no es real, dejadme dormir eternamente. Dejadme soñar.

...porque las realidades comienzan siempre por un sueño.



No hay comentarios:

Publicar un comentario