jueves, 2 de julio de 2015

Yo contra mi mismo.

Escribo esto en plena madrugada desde el único sitio de Barcelona donde me siento en paz. Porque los últimos días ha habido tanto ruido en mi interior que me sorprende que nadie más haya podido oírlo, y necesito encontrarme otra vez, hablar conmigo mismo y saber que todo irá bien. Necesito convencerme de ello…

..Lo necesito, pero es que ahora mismo estoy muy enfadado conmigo mismo, y tengo ganas de gritarme. Siempre me ha pasado lo mismo. No sé el motivo, quizás es por mi forma de ser o porque siempre hemos tendido a idealizar a las personas, pero haga lo que haga siempre genero una idea en los demás y la gente, por lo general, se enamora de esa idea de una manera u otra. Hasta aquí todo es perfecto. Lo que sucede es que, después, la persona que hay detrás de esa idea nunca es suficiente. Nunca lo ha sido. Haga lo que haga no consigo estar a la altura de lo que la gente imaginó cuando quiso conocerme. 


Y por un momento me rio, porque en realidad el asunto tiene gracia. Es verdad, si lo pienso hay dos Xavis andando por el mundo y el que es real odia verse constantemente eclipsado por el que no existe y que siempre desaparece cuando más se le necesita, cuando es el momento de ser uno mismo y avanzar un paso más. Y es que me lo tengo merecido, porque he pasado por lo mismo tantas veces con tantas personas y con tantas formas de querer distintas, que al final el corazón me pide escudarme en esa idea, y dejar de mostrar quien hay detrás. Porque quien hay detrás es solo una sombra de lo que todo el mundo imaginó. Porque haga lo que haga siempre termino sentado en la primera fila de la sala, viendo una película que yo jamás voy a protagonizar. Siempre soy el primero de los segundos, siempre haciendo amigos, siempre el chico genial, siempre el “encontrarás a alguien sin dudar” de la boca de quien menos querría oírlo. 


Y no es que esté mal, pero no estoy bien. Ya no me renta ser así. A veces, me siento aquí en mi rincón secreto de Barcelona y decido una vez tras otra que ya no quiero tener nada más que perder, y que la única forma de hacerlo es, literalmente, no teniendo nada que pueda perder. Y es que, en realidad, es mucho más sencillo si no lo intentas que si lo has tenido por un instante y se ha ido sin más. Porque entonces sucede que siempre sabré lo que me estoy perdiendo, en lugar de imaginármelo.


Y cuando todos estos pensamientos me ahogan solo me queda cerrar los ojos, tumbarme con mi música con la esperanza de caer dormido y recordar que el mañana solo está a un sueño de distancia. Aunque a veces olvido que las pesadillas también son sueños. 


Es difícil volar cuando esperas la caída.



J.F.Pedrera

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