Allí, en la esquina más negra del desamparo, donde el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras, los recuerdos me asaltan. Allí, despojado ya de todo lastre, comprendo que el miedo no existe, si no hay nada que temas perder. Nunca tan poco valió tanto. Nunca tanto dejó de valerlo todo.
Bajo la máscara de la temeridad se ocultan grandes temores. Apartar la mirada de ese rostro es sólo el despertar anticipado de un sueño que todos compartimos.

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