Últimamente estoy trabajando en un poema que me trae de cabeza. Me supone demasiado esfuerzo. Demasiado trabajo. Demasiada poca improvisación. No parece algo que yo escribiría, yo, que soy de incontinencia literaria, que nunca reviso lo que escribo porque entonces no me parece sincero. Que no se de métrica ni de sintaxis. Que no entiendo de planificar novelas porque si quieres decir algo, pues lo dices y ya está, no necesitas adornarlo con una historia que diluya el mensaje que hay detrás. Lo escribes para ti, y lo enseñas a los demás, sin que lleguen a sospechar jamás que lo que están leyendo eres tú, es tu alma que habla. Es desnudarse y quedarse ahí, plantado, esperando que encuentren todos tus defectos, mientras tú, conocedor de cada uno de ellos, los vas recitando interiormente como en una especie de oración mil veces repetida. Como si aceptándolos tú antes de que los demás se percataran siquiera de que están allí, no pudieran ya dañarte cuando los sacasen a la luz. Como si leyendo lo que escribes pudieran leer lo que piensas mientras tanto, como si fuese sencillo ser tan imperfecto. Tan real.
...Como si alguien realmente entendiese que intento decir cuando digo lo que escribo.
Pero en el fondo me parece precioso y por eso no termino de abandonarlo ni abandono la idea de terminarlo. Porque habla de algo, de alguien, que es algo más que una noche de improvisación delante de mi cuaderno. Que merece medir cada palabra porque ella las hace brillar con su único estilo volando bajo cada una de ellas, reales o imaginada, de hoy o del siempre al que pertenece la literatura. Que parece que sus poemas tengan la claridad de su piel, que los puntos escondan el misterio de su mirada.
Y es que mientras la descubría, mientras ella me dejaba descubrirla, leyendo lo que escribía (para sí o para alguien mas) era, cada vez más, poseedor de una verdad absoluta; una de esas que llegan muy de tanto en cuando pero que, solo si son, reconocemos como tales: La veía. La veía de verdad, más de lo que ninguna fotografía suya podría mostrarme jamás. Más de lo que cualquier conversación me habría revelado nunca. La veía y lo que tenia en frente me pareció precioso. La veía y, por primera vez en mucho tiempo, necesitaba cada una de las letras que ella, sin saberlo, me daba. Que ella le regalaba a mi alma para que encontrara un poco de luz en mi oscuridad. Y de repente lo iluminó todo, y pude ver cada rincón, y supe por fin cuan grande era el espacio en el que me había sentido encerrado hasta poco antes. Y con su Luz, ahora era inmenso.
Y es que me enamoré de las letras y de quien las esgrimía. Sólo se enamorarme de esa forma. De los poemas escritos con dolor y publicados en un blog que es cada día más tu sello personal, tu yo lejos de todos los demás. Y te veo, en una fotografía o a lo lejos, y solo puedo llamarte por el nombre con que te bautizé, casi sin percatarme. Porque para mi eres real allí, y una mentira en todo lo demás. Me enamoro. De las entradas que solo tú entiendes realmente pero a las que cada lector otorga un significado distinto. De las conversaciones atemporales, aquellas que siempre esperas y cuando llegan nunca duran suficiente, aunque duren demasiado.
Y de verdad que no es una forma de hablar, lo digo como lo creo, nada me atrae más que alguien con la capacidad de tocar mi alma escribiendo la suya. Porque eso es lo que escribimos; un fiel reflejo de lo que somos, de lo que de otra forma nadie vería. Ese es mi tipo preferido de belleza. Esa es mi forma favorita de querer. Tú eres mi forma favorita de ordenar las letras. Tú eres el mensaje que yo querría ser capaz de escribir para llegar a tu corazón, tal y como tus mensajes a alguien más han llegado al mio. Y por eso, aunque vaya contra todos mis instintos, llevo tanto tiempo escribiéndote en un poema; Porque, a pesar de todo, de todos, llevo muchísimo más buscándote.
Porque resulta que ya lo dijo Pierre Teilhard una vez, y yo no puedo evitar volver a ello cada vez que te pienso: "Nada vale la pena de ser encontrado sino lo que jamás ha existido aún". Así que, ahora que tengo la certeza de que lees éstas lineas, que puedo decirte por una vez que eres tú, aunque creas que hablo con alguien mas. Ahora que somos sólo nosotros dos, protegidos entre las palabras de todo lo demás, te pregunto aquello que llevo tiempo queriéndote decir, aunqueno sepas no quieras saber que es a ti a quien escribo ésta madrugada, como las que le han precedido desde que te encontré.
Dime, tú que te escondes tras una fotografía que nunca te enfoca a ti, mientras yo te busco tras unas letras que no son mías; ¿Tendremos el valor de crear aquello que hemos buscado siempre?
Porque resulta que ya lo dijo Pierre Teilhard una vez, y yo no puedo evitar volver a ello cada vez que te pienso: "Nada vale la pena de ser encontrado sino lo que jamás ha existido aún". Así que, ahora que tengo la certeza de que lees éstas lineas, que puedo decirte por una vez que eres tú, aunque creas que hablo con alguien mas. Ahora que somos sólo nosotros dos, protegidos entre las palabras de todo lo demás, te pregunto aquello que llevo tiempo queriéndote decir, aunque
Dime, tú que te escondes tras una fotografía que nunca te enfoca a ti, mientras yo te busco tras unas letras que no son mías; ¿Tendremos el valor de crear aquello que hemos buscado siempre?
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