No dan miedo esos días de meridiana claridad en que la música adecuada es llave de la puerta de la incertidumbre. En que un sorbo de todo lo que no sea agua no sacia, porque nadie bebe porque tenga sed. Uno de esos días en que vemos todos los demás como pertenecientes a otra vida, escenarios de la historia de otro personaje al que ahora leemos con la perspectiva del espectador tercero que nada teme porque nada se juega en ésta empresa. Y en mitad de esos encuentros contigo mismo lejos de ti, no dan miedo esos días porque ya no son tuyos, porque en ellos no se esconde más la meta que no alcanzamos, porque solo llevan con ellos aquello que nos es agradable ver y olvidan que olvidamos que una vez fueron algo mas. O algo menos.
No dan miedo esos días que dan sentido a todos los otros días que no dan miedo. Que hacen que te preguntes donde estabas y donde estarás. Que saludan con la mano al paso de aquellas cosas que se van porque no pertenecen a éste lugar ni a ningun otro, que andan a un paso que nadie puede seguir porque nadie debe hacerlo. Que se van al encuentro de todas las cosas que perdemos en el pasado y desaparecen en todos nuestros futuros.
Y en ese preciso instante en que el día viene y los días se van, exprimes en un segundo las palabras que no salieron cuando era su hora, y que no volverás a escribir hasta que llegue otro de esos momentos que se desvanecen en el recuerdo de lo que jamás olvidaremos, uno de esos segundos que nunca llegan hasta que están, y que siempre duran menos de lo que marca el reloj, pero siempre permanecen más.
No dan miedo porque mientras nos sobrecojamos y nuestros miedos sigan vivos seguiremos sintiendo y luchando. No dan miedo las cosas que tememos, da miedo que dejen de importar.

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