Me cuento a mi mismo algo que ya se pero que, como le pasa a la mayoría, a menudo olvido: Todos los seres humanos en éste planeta tenemos dos caras, la que enseñamos a los demás y la que nos reservamos para nosotros mismos. Con la primera, todos pretendemos mostrar nuestra mejor versión, lo más brillante que podemos ofrecer, nuestras armas mas poderosas. Intentamos proyectar una imagen de éxito y felicidad que nunca corresponde con la realidad de nuestros días, y es humano hacerlo. Lo normal es que ocultemos nuestros problemas a los demás o, al menos, a aquellos que no están preparados para escucharlos, que en la mayoría de los casos suele ser la gran parte de la humanidad, aunque en realidad seamos nosotros quienes no estamos listos para mostrárselos. Porque no nos engañemos; nuestros problemas tienden a ser los más exclusivos y duros del planeta porque son nuestros, y no cargamos con otros. Tenemos, por tanto, una cara oscura que solo revisamos a puerta cerrada y donde acumulamos todo aquello de nosotros mismos que no nos gusta, para abrir ese cajón oculto y ver su contenido solos en la intimidad de nuestro espejo. Y en el aislamiento de ésa soledad, empaquetados, todos nuestros errores crecen, se compactan y parecen invencibles.
Por ello las comparaciones son tan inútiles, porque nos empeñamos en exponer bajo el mismo filtro nuestra peor imagen, esa que solo nosotros conocemos, junto a la mejor imagen de los demás, aquella que se empeñan en mostrarnos. Y en esa comparación siempre perderemos, porque estaremos jugando con reglas distintas. Porque nadie es tan perfecto o feliz como aparenta ser, y desde luego nada es tan irreparable como cuando nos pesa inamovible en la soledad de nuestro corazón.
Todo el mundo tiene un lado oculto de la luna, nadie ha nacido en el pico de la cima. A menudo olvidamos preguntarnos cuanto sufrimiento ha tenido que pasar alguien para llegar a donde está, y cuan feliz es realmente. A menudo, no somos justos con nosotros mismos.
Por eso yo intento equilibrar siempre los dos lados de mi moneda; así, si alguien llega a ver el lado oscuro, descubrirá que en el reverso soy el mismo idiota, con las mismas penas pero también las mismas alegrías. Pero sobretodo para ser capaz de mirarme en el espejo y comprender que, en realidad, yo soy todo lo que tengo, y dado que voy a tener que aguantarme el resto de mi vida, tengo que empezar a caerme bien a mi mismo.
Dicen que no hay humano que no quiera ser otra persona, meterse en otro cuerpo y ocupar otra vida distinta a la suya para derivar en un ser más seductor o aventurero. Más alto o estilizado. Más gracioso o inteligente. Más distinto que uno mismo; más parecido a quien uno quiere ser.
Nadie mas que yo conoce mi camino, nadie mas que yo ha ha andado jamás mis mismos pasos, aunque haya recorrido unos similares. Por ello yo nunca he querido ser nadie mas que yo, o mejor dicho, siempre he querido ser yo mismo, pero un poco mejor.
la brisa y tú
me dais la paz
y el cielo azul, parece estar un poco más limpio.
Ríos que van a parar siempre al mar no volverán.
Somos igual, por favor, no me sueltes jamás.
No me quiero volver a perder.
Sólo quiero estar donde tú estés

No hay comentarios:
Publicar un comentario