martes, 6 de septiembre de 2016

Caballo de carreras.

Anoche decidí que los monstruos no existen. Los verdaderos monstruos son las personas. No hay máscaras que nos aterren, porque en medio de la oscuridad sus antifaces solo sirven para ocultar el verdadero terror: Unos ojos que miran pero no ven, o dicho de otra forma, una mirada que se perdió porque nadie la quiso recuperar.

Cuando cierro los ojos, desde hace un mes, siempre sueño lo mismo. Me encuentro en el centro de un estadio vació y dos caballos se disponen a correr. Blanco y negro. Seguridad contra incertidumbre. Lo que ya-es-aunque-tal-vez-nunca-sea, contra lo que aún-no-existe-pero-podría-significarlo-todo. Y debo apostar, porque la carrera está a punto de dar comienzo y soy el único espectador que la contempla. Y no importa si no participo en ella, los caballos correrán igual, no por mi, sino porque está en su naturaleza. Pero decidiendo no decidir perderé la ocasión de formar parte de esa historia para convertirme, simplemente, en el narrador. Sólo ver siempre es peor que perder; y en un buen día, apostando todo al desconocimiento, tal vez nos dejen ganar. 

Y desde cuando los sueños son sencillos de explicar: Furia disfrazada de paz que se agota en sus instantes, sentimientos maquillados para no poderlos reconocer, pastillas contra el dolor ajeno, emociones sintéticas en dosis que el cuerpo humano pueda asimilar. Y en la linea de meta, dos majestuosas bestias que solo quieren correr. Dos caballos. Una carrera que nacemos destinados a perder.

De eso se trata; decidir si perderse constantemente en las mismas páginas, aunque mi subconsciente las disfrace de corcel. Porque así soy yo, aferrado a mi interminable lista de libros por leer que constantemente decide crecer, para acabar volviendo, una y otra vez, a las mismas historias que una vez me consiguieron atrapar.

...y se que volverán a hacerlo, aunque ésta vez sea con un nudo más liviano. La siguiente, se convertirán simplemente en el recuerdo de una lectura que una vez me cautivó; De ésta forma perdemos las cosas que importan, cuando no queremos comprender que la rueda gira, y que nosotros nunca seremos los mismos que fuimos. Y que nada puede ser dos veces por primera vez. Y sucede que al final termino por saberme de memoria sus páginas, perdiendo en el camino la oportunidad de encontrar una historia mejor. 

Dos caballos que solo quieren correr. Dos historias que nunca serán las mismas aunque transcurran en la misma dirección. Cada vez hay que correr más rápido, me digo a mi mismo, para mantenerse en el mismo lugar. 

Y Laura G tiene razón; Correr aventuras es emocionante, intenso. Pero dice que nada, nada, vale tanto como para dar la vida por ello. Nada. Excepto, digo yo, quizás la propia vida.

Algunos pensamientos tienen alma propia, y cuando salen, se van. Y cuando vuelves ya no están. Dos caballos destinados a correr. Somos montura de nuestro propio horror, y de tanto que corremos olvidamos que sabíamos andar. Espolea tus fantasmas, despierta, se de nuevo el jinete e inventa otra historia que contar. Fuego de crin que relincha al único viento que se atreve a acariciar, pisadas que atormentan a los que no se quisieron calzar. En el medio la bandera, y tras tanto tiempo contemplándola, olvidamos si ésa linea era el final o nos disponemos a empezar. Alguno incluso coleccionará el instante. Somos de todo, menos lo que debemos ser.




Someone come and
someone come and save my life
Maybe I'll sleep when I am dead
But now it's like the night is taking sides
With all the worries that occupy the back of my mind.






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