sábado, 21 de octubre de 2017

Mi huracan lleva tu nombre.


Él siempre había tenido un poco del sol; en medio de todo y de todos, regalando su calor. Pero de vez en cuando, y a veces por mas tiempo del que podemos controlar, todos nos volvemos un poco como la luna, rodeada de estrellas pero sola. 

Cada persona es un mundo, pero él era un maldito universo. No cualquiera te hace querer hacer las cosas mejor, ni todos encuentran el valor de entregarse completos, aunque eso signifique regresar en pedazos. Una vez, escribió algo en la pared de la estación que ni el tiempo se ha atrevido a borrar: Da lo mejor de ti, y lo mejor vendrá. En aquellas vías donde habíamos visto escapar la vida demasiadas veces, en forma de personas, momentos, y lugares. Demasiados finales sin final. Y es que muchos se iran, pero siempre se quedará su manera de irse.

Y ante esos trenes aprendimos a esperar que la vida no nos esperaría jamás, y que tal vez vivir, llegado cierto punto sin retorno, significaría ser infieles a los demás, para poder seguir siendo fieles a nosotros mismos. 

Y que tal vez nos pasamos años fingiendo vivir, sabiendo que morimos el dia en que guardamos silencio ante las cosas que importaron. 

Que cansados, contentos, pedimos mas cuentos. Y yo te los cuento, o más bien lo intento. Te explico que un niño cruzó el universo montado en un burro con alas de plata. Te cuento lo que sea para que sigas a mi lado, escuchandome, una noche mas. Te cuento que a pesar de todo cuento contigo. 

Que la vida nos puso a prueba y a veces, nos superó.

Y que, tal vez, lo que tenía que pasar, 

pasó.



Hicieron el amanecer para gente como nosotros,
para que así tengamos una excusa
para seguir despiertos.

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